Debo advertir, dentro de las fuentes de la Democracia Cristiana, ella también se inspira en otros humanismos democráticos, compatibles con la doctrina social cristiana, ella no puede ir contra las ideas básicas desarrolladas en las encíclicas, pero si más allá, por ser la Democracia Cristiana una posición política humanista cristiana.
El manifiesto político de los Demócrata cristianos, aprobado en Roma el 16 de Julio de 1976, nos dice: ”Que la alternativa histórica concreta, a la cual aspiramos es: “una sociedad libre y justa, personalista y comunitaria”. Es decir, de hombres libres, de personas humanas, llena una sociedad pluralista comunidad de comunidades, quienes asumen la democracia como medio y como fin, una democracia integral, en lo político, económico, social, cultural e internacional.
Pretende superar los sistemas individualistas, colectivistas comunistas. Lucha contra la injusticia y la tiranía, mediante la persuasión y los medios pacíficos, su motor es el “amor”.
Para la Democracia Cristiana, el hombre es persona, un ser libre y racional, responsable y trascendente, dotado de dignidad, con derechos inalienables. A diferencia del individualismo, la noción de persona, lleva implícita una concepción solidaria.
Para la Democracia Cristiana, la sociedad es una comunidad de personas, es el conjunto de vida humana, personal y colectiva, que experimenta necesidades y aspiraciones y cuya finalidad, es el bien común, la vida buena, virtuosa de la multitud. Su meta: El desarrollo de todo el hombre y todos los hombres, aspira a una convivencia social en libertad, igualdad, solidaridad y paz. En suma, formar una comunidad de amigos, de compañeros.
La Democracia Cristiana, reconoce la existencia actual del conflicto social, tanto en la sociedad capitalista, como en la marxista colectivista, la diferencia de clases y la lucha de clases son un hecho, pero rechaza la lucha de clases como motor del cambio social, por el contrario, su motor, es el “amor al prójimo”.
La mejor convivencia creada por el hombre, es la democracia y la propugna como forma de vida y como sistema de gobierno: pluralismo, tolerancia y participación dirigida al bien común, su actividad se regula por el “principio de subsariedad”, llamado también por las Iglesias reformadas “soberanía de su propio círculo” o la función y evocación especial de cada grupo social, “Michael Fogarty, siguiendo la Encíclicas “Quadragésimo Anno”, de Pío XI, en 1931, explica el principio indicado: Cada Unidad Social o grupo tiene una esfera de acción que puede realizar eficientemente en interés, no sólo de sus miembros, sino de la sociedad como conjunto.
La Democracia Cristiana, estima como principios insustituibles de la Democracia, el pluralismo y la tolerancia.
El instinto social y político del hombre, lo lleva a agruparse en comunidades para desarrollar la cooperación, la pareja, la familia, los grupos, la nación y la comunidad global.
La sociedad es una comunidad de comunidades, que para la Democracia Cristiana debe moverse por la solidaridad…
La dinámica social conduce al crecimiento e interrelación entre las comunidades y para ello debe existir el pluralismo y la tolerancia.
El pluralismo por el que lucha la Democracia Cristiana, es tanto horizontal como vertical o ideológico.
El pluralismo horizontal, tiende
al crecimiento de la persona humana y favorece la descentralización de los
poderes.
El pluralismo vertical, reduce el
conflicto social, y fundamenta la eficiencia social.Para los cristianos, en el hombre está siempre presente el bien y el mal, nadie, excepto Dios, tiene la verdad absoluta. Por lo tanto, en las Relaciones humanas debe prevalecer la tolerancia y la coexistencia pacífica.
Cada persona tiene su parte de verdad, el dialogo las confronta y la Democracia fija las reglas del juego. La participación, es el instrumento para lograr la construcción de la sociedad personalista y comunitaria. La negociación y la búsqueda del mayor consenso, son propios de la democracia política.
La raíz conservadora de la Democracia Cristiana, la hace participar del principio de continuidad y cambio, pero a diferencia de los “tradicionalista”, sus ojos se han vuelto hacia el futuro y no hacia el pasado.
RODOLFO MARANGUNIC
MIRANDA
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